viernes, 27 de marzo de 2015

Una Cita a contra reloj

El reloj acusa 19:16. Estoy llegando tarde a mi cita. La avenida principal que me lleva al destino colapsada como siempre. En la radio suena uno de la vieja época - "Billie Jean de Michael Jackson". 

Subo el volumen para descontracturar. Aprovecho el semáforo en rojo y enciendo un cigarro, la primera bocanada siempre dándote ese segundo de calma que todo adicto al cigarrillo entiende. Amarillo y verde. Acelero para llegar. Miro el celular para ver a cuanto estoy. Supongo que llegare tarde. Me emociono de pensar en verla. Ojala no esté de malas por la demora.

Rojo de nuevo. Los semáforos conspiran contra la necesidad de llegar a destino. Agarro el celular y escribo "Estoy llegando". Pulso enviar. Acelero de nuevo. Paso en amarillo y digo genial, pongo 5ta y acelero. Tengo que llegar. No puedo arruinar este día.

Rojo. Mierda. No importa. Lo cruzo. No viene nadie. Acelero. Miro el celular. No hay respuesta. Seguro que se enojo por la demora. Espero quitarle una sonrisa.
Estoy a 8000 números de distancia del destino. Cuenta regresiva.

Mensaje nuevo recibido "Ok"

Dios. Se enojo? Acelero más fuerte.

Se libera Pavón. Acelero más aun. El velocímetro pasa de 2 a 3 cifras. 
El reloj acusa 20:07. Estamos tarde. 37' para ser exactos. Me bajo. Me acomodo la camisa y ajusto la corbata. Cierro la puerta. Cruzo trotando. Puse la alarma? Creo que sí.
La puerta vidriada me muestra que estoy bien. Arreglado. La barba bien recortada. El pelo en condiciones. 
Entro. Subo una escalera. Cruzo la puerta y la veo.

Bella. Con el pelo suelto. Sus rizos amarillos como el sol me encandilan, no tanto como sus ojos que brillan al mirarme. Se sonríe y agacha la mirada. El enojo parece que se fue. Me acerco y le digo hola amor, como estas?

Me mira, se sonríe, me toma la mano y me hace sentar en la mesa.
Sus ojos me enamoran, su pelo brilla majestuoso, está silenciosa, vestida para la ocasión, valió la pena el esfuerzo de correr contra el reloj para llegar lo más rápido posible. El amor que se siente entre ella y yo es perceptible a kilómetros, a pesar de que no se ha dicho nada. 

Quiero decirle que la amo, que voy a estar a su lado hasta el último día de mi vida, que siempre que me necesite voy a estar, que la vejez va a ser el único tirano que me arrancara de su vida y aun así, después de eso, voy a seguir estando a su lado, cuidándola.

Estoy a punto de abrir la boca para decírselo y quedar completamente vulnerable ante ello y me interrumpe con un simple “¿Querés mas té, Papí?”

Si hija, quiero, servime.

1 comentario:

  1. Que lindo Pepe: Me gusto mucho. Los hijos son esos hermosos seres que nos ven como principes y princesas aunque seamos simples mendigos.

    F. (Hna. Ricarda)

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