jueves, 7 de mayo de 2015

Soltar

Un concepto que todavía sigo sin comprender es el de “Soltar” “Soltar” “Soltar” “Soltar”

Siento que se mienten a si mismo, creyendo que todo lo que cuesta, hay que ponerlo en la góndola de “abandonar, porque si no puedo, me tengo que demostrar que me amo a mi mismo y si suelto, crezco".

Me dan la sensación que toman a la vida como la caja rápida de un supermercado en donde solo pueden llevar diez artículos. Entonces ven el changuito, analizan rápido que pueden dejar, “total después lo busco” y quieren salir rápido con lo básico e indispensable.

Para mi, el concepto de “Soltar” lo utilizan las personas cobardes.
Aquellas las cuales no vale la pena “agarrar”.

“Suelto porque estoy dispuesto a perder por amor propio”. Indefendible.

Aunque jamás hayan leído la Biblia y hasta seas ateo o agnóstico, todo el mundo sabe que uno de los mandamientos es “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”

¿Así como aman al otro se aman ustedes?

Y si la gente se tiene tanto “Amor Propio” que es capaz de soltar aquello que ama; significa que en el fondo, ¿es capaz de abandonarse a si misma?

Si tuviera que hacer una proyección de lo que hubiera pasado en mi vida si hubiera soltado esas cosas que me hacían mal, seguramente la hubiera pasado mucho mejor. Ni lo dudo. ¿Pero que significado tendrían las cosas si las usáramos hasta ese punto que quizás comienzan a fallar?

En mi vida, si el concepto de soltar hubiera sido válido, hoy día habría personas que no estarían vivas. A esos niveles a veces se suele llegar cuando en vez de soltar se agarra.

Ya no somos niños que podemos desarmar juguetes, ver que tiene adentro, romper sin darnos cuenta, armarlo y ver que no funciona igual y así, pedirle a Papá que lo arregle o nos compre uno nuevo. 
Porque eso hacen. Encuentran algo, lo desarman, no lo pueden armar de nuevo y buscan otro nuevo.

Hay que ser mecánicos no solo de uno mismo, sino de todo y todos. Incluido el amor.

Si algo se rompe, se arregla. Si las cosas no se pudieran arreglar desaparecerían y quedarían en una especie de limbo de cosas que nunca más van a volver. Pero no. Siguen estando. 

Todo se puede arreglar. Todo.

Si, seguramente a la primera no quede de la mejor manera. Pero, a cada rato se rompen las cosas. Y la práctica hace al maestro, dicen, ¿o no? A Ustedes que tantos les gustan las frases.

¿Qué ya no queda igual después de arreglarlo? Tengo mis dudas. Pero si quedan marcas mejor aún, para recordarnos donde estamos rotos y saber porque. Y sobretodo valorar lo que nos costo arreglar(nos).

No hay mejor mentor en la vida que aquél maestro que nos enseña algunos caminos de la mejor manera. A veces suelen ser los padres, a veces amigos, sea quien sea.

Yo creo que el mejor maestro es aquel que es capaz de recomponer, recomponernos, ayudarnos y permitirnos volver a ser “casi” como éramos. Digo casi porque nunca vamos a estar como nuevos, estemos con quién estemos. Hagamos lo que hagamos. Los kilómetros recorridos no vuelven atrás, nunca.

Aquella persona que es capaz de invertir lo más valioso que uno NO puede comprar, su tiempo, en tratar de dejarnos como antes para así, seguir “usándonos” (y digo usar como el concepto bueno de la palabra, usar algo para producir felicidad) es lo mejor que nos puede pasar en la vida.

Y a veces esas personas solemos ser nosotros mismos. Para con el otro.

A veces, inconscientemente, eso que querés soltar, esta pidiéndote a gritos, en silencio, que lo agarres.

No hay peor ciego que el que no quiere escuchar.

Para mí, su tan amado concepto es:

Te amo, no puedo, te abandono.
Me amo, no puedo, me abandono.


Soltar.

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