“Usted es
un hombrecito, no puede llorar”.
Y así, con
ese lema, nos criaron a los que venimos de la vieja escuela.
Nos criaron
toscos, sin demostración de cariño, ásperos, poco anfitriones, duros y
cavernarios. Una fiesta era esa palmada en la espalda que suponíamos que
significaba un “buen trabajo” pero sin palabras.
Nos
enseñaron que hay que sentarse a la mesa, no que hay que ponerla. Nos dijeron
que a la mujer se la cuida, no que se la atiende.
No nos enseñaron a ser amables,
nos dijeron que hay que ser cordiales. Nos enseñaron el respeto de una manera agresiva,
en donde no se habla de lo que se siente, que es una falta de respeto al género.
Que la vida
es dura. Y difícil. Que lo único que importa es el trabajo. Que la diversión no
es un derecho, sino un privilegio. Que si no te rompes el culo, no vale la
pena. Que lo fácil no es gratificante. Que mientras más reo mas hombre.
Y que
difícil que es dar vuelta eso, con los años. Siempre discutí de la “esencia de
las personas” que es una excusa. Y si, lo es.
Hoy estamos
en una sociedad en donde la mujer cambió su rol. Quiere ser igual al hombre, en
todos los sentidos. Y no me parece mal..
Sin embargo, en una sociedad en donde se aplaude a la mujer por comenzar a mostrar una
actitud más rudimentaria, casi cavernícola como el hombre, al hombre se lo
crucifica por intentar modificar su “vieja escuela”
Un hombre
que llora es un maricón.
Un hombre
que expresa los sentimientos es un histérico.
Un hombre
que decide cuidar su imagen es minitah.
Un hombre
que está atento a necesidades de su pareja o la prefiere antes que algo más trivial,
es un pollerudo.
¿Saben lo
difícil que es para una persona de las cavernas luchar contra la esencia y
pelearse consigo mismo para poder salirse de esa escuela?
Estamos
condicionados a ser piedras.
Estamos
criados para ser personas que no sufren.
Estamos marcados
al nacer para ser pilares.
Estamos
obligados a no caernos.
Estamos
esclavizados a los azotes.
Estamos
destinados a no dudar.
Estamos
estigmatizados a no sentir.
No sean
maestras de la vieja escuela, ustedes también.
Valoren
cuando nos salimos a veces del molde y les mostramos un poco de debilidad.
Es el único
momento en donde solo buscamos la compensación de tan gran esfuerzo.
No ser lo
que fueron nuestros ancestros es, a veces, el trabajo más difícil de un hombre.
Que lindo que es leerte!!
ResponderEliminarQue salgan del molde y traten de cambiar si merece ser considerado pero a veces con tratar no alcanza para el corazón.
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