domingo, 18 de marzo de 2018

Pasajero


La sensación sofocante de esa escalera que te transporta a un mundo subterráneo. Un mundo distinto al que conocemos, en donde vamos debajo de los pies del resto pero sin la sensación de ser pisoteados.

Un canal de comunicación, con distintos emisores y receptores, que te lleva a distintos lugares. Algunos conocidos, otros extraños
Un lugar de de paso, de encuentro con uno mismo, de compartir sin hablar. Un espacio de reflexión y de mundos musicales en los oídos.

La chicharra avisa el comienzo de ese mecanismo de fricción…

El brillo resplandece sobre los rostros, dejando al descubierto los ojos inquietos que se mueven de acá para allá, subiendo y bajando.
Las manos inquietas, los dedos al compás de un par de acordes acompañados por esos pies y piernas inquietas marcando los tiempos de una canción. Las mímicas de esos cantantes vergonzosos, esos bailarines de cabeza.

Las miradas perdidas, que de repente se encuentran en otros ojos distintos. La sensación de miedo, ese malestar inocente, al sentirte un fisgón de mariposas en la panza. Esa curva a 180 Km por hora de la vista, cuando de repente, sus ojos se posan en los tuyos. Esa vergüenza de no ser correspondido que te hace esquivar el encuentro.

Las frases por la cabeza, la imaginación vuela, escenas de películas de amor y romance, intenciones invisibles, sensaciones ocultas, latidos que marcan un que se yo, no hay diccionario que te de las palabras para hablar.

Un ping pong de miradas silenciosas mezcladas con muecas de inseguridad, sabiendo que quizás ambos dejan pasar la oportunidad. Una oportunidad que se renueva constantemente, ya que el amor, a veces, suele ser pasajero.