domingo, 18 de marzo de 2018

Pasajero


La sensación sofocante de esa escalera que te transporta a un mundo subterráneo. Un mundo distinto al que conocemos, en donde vamos debajo de los pies del resto pero sin la sensación de ser pisoteados.

Un canal de comunicación, con distintos emisores y receptores, que te lleva a distintos lugares. Algunos conocidos, otros extraños
Un lugar de de paso, de encuentro con uno mismo, de compartir sin hablar. Un espacio de reflexión y de mundos musicales en los oídos.

La chicharra avisa el comienzo de ese mecanismo de fricción…

El brillo resplandece sobre los rostros, dejando al descubierto los ojos inquietos que se mueven de acá para allá, subiendo y bajando.
Las manos inquietas, los dedos al compás de un par de acordes acompañados por esos pies y piernas inquietas marcando los tiempos de una canción. Las mímicas de esos cantantes vergonzosos, esos bailarines de cabeza.

Las miradas perdidas, que de repente se encuentran en otros ojos distintos. La sensación de miedo, ese malestar inocente, al sentirte un fisgón de mariposas en la panza. Esa curva a 180 Km por hora de la vista, cuando de repente, sus ojos se posan en los tuyos. Esa vergüenza de no ser correspondido que te hace esquivar el encuentro.

Las frases por la cabeza, la imaginación vuela, escenas de películas de amor y romance, intenciones invisibles, sensaciones ocultas, latidos que marcan un que se yo, no hay diccionario que te de las palabras para hablar.

Un ping pong de miradas silenciosas mezcladas con muecas de inseguridad, sabiendo que quizás ambos dejan pasar la oportunidad. Una oportunidad que se renueva constantemente, ya que el amor, a veces, suele ser pasajero.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Carta abierta a la mujer

“Usted es un hombrecito, no puede llorar”.

Y así, con ese lema, nos criaron a los que venimos de la vieja escuela.

Nos criaron toscos, sin demostración de cariño, ásperos, poco anfitriones, duros y cavernarios. Una fiesta era esa palmada en la espalda que suponíamos que significaba un “buen trabajo” pero sin palabras.
Nos enseñaron que hay que sentarse a la mesa, no que hay que ponerla. Nos dijeron que a la mujer se la cuida, no que se la atiende. 
No nos enseñaron a ser amables, nos dijeron que hay que ser cordiales. Nos enseñaron el respeto de una manera agresiva, en donde no se habla de lo que se siente, que es una falta de respeto al género.
Que la vida es dura. Y difícil. Que lo único que importa es el trabajo. Que la diversión no es un derecho, sino un privilegio. Que si no te rompes el culo, no vale la pena. Que lo fácil no es gratificante. Que mientras más reo mas hombre.

Y que difícil que es dar vuelta eso, con los años. Siempre discutí de la “esencia de las personas” que es una excusa. Y si, lo es.

Hoy estamos en una sociedad en donde la mujer cambió su rol. Quiere ser igual al hombre, en todos los sentidos. Y no me parece mal..

Sin embargo, en una sociedad en donde se aplaude a la mujer por comenzar a mostrar una actitud más rudimentaria, casi cavernícola como el hombre, al hombre se lo crucifica por intentar modificar su “vieja escuela”

Un hombre que llora es un maricón.
Un hombre que expresa los sentimientos es un histérico.
Un hombre que decide cuidar su imagen es minitah.
Un hombre que está atento a necesidades de su pareja o la prefiere antes que algo más trivial, es un pollerudo.

¿Saben lo difícil que es para una persona de las cavernas luchar contra la esencia y pelearse consigo mismo para poder salirse de esa escuela?

Estamos condicionados a ser piedras.

Estamos criados para ser personas que no sufren.

Estamos marcados al nacer para ser pilares.  

Estamos obligados a no caernos.

Estamos esclavizados a los azotes.

Estamos destinados a no dudar.

Estamos estigmatizados a no sentir.

No sean maestras de la vieja escuela, ustedes también.

Valoren cuando nos salimos a veces del molde y les mostramos un poco de debilidad.

Es el único momento en donde solo buscamos la compensación de tan gran esfuerzo.

No ser lo que fueron nuestros ancestros es, a veces, el trabajo más difícil de un hombre.  



sábado, 9 de mayo de 2015

Karma

Hace años que intento encontrar el manual de las personas. Algún apunte aunque sea, que me haga entenderlas. Alguna ecuación que me explique el accionar contradictorio de algunos. Alguna fórmula que me enseñe la reacción química de por que toman acciones distintas a las decisiones de lo que quieren en la vida.

No logro entender el orgullo en demasía. Hay gente que no le dice “te quiero” “te extraño” a otra, simplemente porque piensa que perdería la ¿dignidad?
Sentís. Estás vivo. Y encima lo podes decir. ¿Qué te pasa? Hacélo.

Valentía y coraje falta. Si puedo decirle te quiero a alguien a pesar de que no tenga una respuesta (favorable) tengo más dignidad que cualquiera.
 La gente se muere y luego, todos rodeando un cajón dicen cosas como “era buena persona”, “te quiero”, “ojalá hubiera”, “¿por qué” y demás cosas que me han tocado ver en algunas ocasiones.

Te guardaste tantas cosas lindas por decir culpa del ego y ahora ¿a quien se las decís? ¿Al viento? ¿Para ver si le llega?

Vivimos en una sociedad en donde constantemente hablan y justifican con el Karma. ¿Saben realmente lo que es el karma? ¿De donde viene? ¿Por qué se produce? ¿Qué es?

El Karma es una palabra ambigua. Se trata de la acción y reacción de las cosas que uno haga en la vida. El Karma puede ser bueno o malo. Y no depende solamente de lo que se “haga” sino que tiene 3 pilares que son: las acciones, las palabras y los pensamientos.

No vamos a caer en la obviedad de que si haces cosas malas te pasan cosas malas. Pero si caigo en las palabras y en los pensamientos. Podés decir mil cosas buenas pero si pensás cosas malas, el karma se vuelve malo.
 Y pienso, ¿cuantas veces hacen sufrir a personas que los aman por lo que le dicen?
¿Cuántas veces no sólo le han dicho a alguien algo horrible sino que pensaron en lo peor que le puede pasar a esa persona?

El Karma no se paga. Se vive. Y lo interesante es que no es automático. Si el karma es malo, se “paga” en el mejor momento de las personas. Y viceversa.
 Todo lo bueno que pueden hacer, decirle y hasta pensarlo deciden no hacerlo, excusándolo con etiquetas patéticas como ego, orgullo, dignidad, amor propio, arrastrarse, etc, etc.

Las personas se están cargando de Karma por orgullo por muchas, muchas vidas.

Guarden el ego y digan te amo, te extraño, perdón, gracias, te necesito, me haces falta, podemos arreglar, hagamos esto, vení, quedate, hablemos y más.

Son simplemente palabras que, dichas con el sentimiento real, no solo producen acciones, sino que también reacciones que pueden desembocar en algo que jamás pensaron. Cambios.


Solamente tenemos una vida para hacerle bien a la gente que nos quiere.
El resto de las vidas es simplemente para pagar lo que hicimos en ésta.


jueves, 7 de mayo de 2015

Soltar

Un concepto que todavía sigo sin comprender es el de “Soltar” “Soltar” “Soltar” “Soltar”

Siento que se mienten a si mismo, creyendo que todo lo que cuesta, hay que ponerlo en la góndola de “abandonar, porque si no puedo, me tengo que demostrar que me amo a mi mismo y si suelto, crezco".

Me dan la sensación que toman a la vida como la caja rápida de un supermercado en donde solo pueden llevar diez artículos. Entonces ven el changuito, analizan rápido que pueden dejar, “total después lo busco” y quieren salir rápido con lo básico e indispensable.

Para mi, el concepto de “Soltar” lo utilizan las personas cobardes.
Aquellas las cuales no vale la pena “agarrar”.

“Suelto porque estoy dispuesto a perder por amor propio”. Indefendible.

Aunque jamás hayan leído la Biblia y hasta seas ateo o agnóstico, todo el mundo sabe que uno de los mandamientos es “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”

¿Así como aman al otro se aman ustedes?

Y si la gente se tiene tanto “Amor Propio” que es capaz de soltar aquello que ama; significa que en el fondo, ¿es capaz de abandonarse a si misma?

Si tuviera que hacer una proyección de lo que hubiera pasado en mi vida si hubiera soltado esas cosas que me hacían mal, seguramente la hubiera pasado mucho mejor. Ni lo dudo. ¿Pero que significado tendrían las cosas si las usáramos hasta ese punto que quizás comienzan a fallar?

En mi vida, si el concepto de soltar hubiera sido válido, hoy día habría personas que no estarían vivas. A esos niveles a veces se suele llegar cuando en vez de soltar se agarra.

Ya no somos niños que podemos desarmar juguetes, ver que tiene adentro, romper sin darnos cuenta, armarlo y ver que no funciona igual y así, pedirle a Papá que lo arregle o nos compre uno nuevo. 
Porque eso hacen. Encuentran algo, lo desarman, no lo pueden armar de nuevo y buscan otro nuevo.

Hay que ser mecánicos no solo de uno mismo, sino de todo y todos. Incluido el amor.

Si algo se rompe, se arregla. Si las cosas no se pudieran arreglar desaparecerían y quedarían en una especie de limbo de cosas que nunca más van a volver. Pero no. Siguen estando. 

Todo se puede arreglar. Todo.

Si, seguramente a la primera no quede de la mejor manera. Pero, a cada rato se rompen las cosas. Y la práctica hace al maestro, dicen, ¿o no? A Ustedes que tantos les gustan las frases.

¿Qué ya no queda igual después de arreglarlo? Tengo mis dudas. Pero si quedan marcas mejor aún, para recordarnos donde estamos rotos y saber porque. Y sobretodo valorar lo que nos costo arreglar(nos).

No hay mejor mentor en la vida que aquél maestro que nos enseña algunos caminos de la mejor manera. A veces suelen ser los padres, a veces amigos, sea quien sea.

Yo creo que el mejor maestro es aquel que es capaz de recomponer, recomponernos, ayudarnos y permitirnos volver a ser “casi” como éramos. Digo casi porque nunca vamos a estar como nuevos, estemos con quién estemos. Hagamos lo que hagamos. Los kilómetros recorridos no vuelven atrás, nunca.

Aquella persona que es capaz de invertir lo más valioso que uno NO puede comprar, su tiempo, en tratar de dejarnos como antes para así, seguir “usándonos” (y digo usar como el concepto bueno de la palabra, usar algo para producir felicidad) es lo mejor que nos puede pasar en la vida.

Y a veces esas personas solemos ser nosotros mismos. Para con el otro.

A veces, inconscientemente, eso que querés soltar, esta pidiéndote a gritos, en silencio, que lo agarres.

No hay peor ciego que el que no quiere escuchar.

Para mí, su tan amado concepto es:

Te amo, no puedo, te abandono.
Me amo, no puedo, me abandono.


Soltar.

Como un niño

Suena la alarma y como es de esperar se posterga una, dos y hasta tres veces, dependiendo la sensación térmica del día.

“Reunión de Padres, Jardín” rezaba el titulo de esa canción que por las mañanas me despierta de una manera un poco contradictoria. (Es una canción que antes me gustaba mucho y ya no).

Primera reunión del jardín de mi hija.
Entré primero. Tengo esa costumbre de ser el primero y el último en irme. A veces por costumbre y a veces por terquedad.

Por algunos motivos propios tenia mucha vergüenza. Busqué sentarme en un lugar donde no quede a la vista pero pueda ver todo. Para mi sorpresa, estábamos en ronda. Todos se veían con todos. Todos podían verme.

Presentación. Explicación del resumen escolar. Y actividad para “que se conozcan los nuevos papás”. La vida a las 08 am parece que puede ser bastante cruel.

Una hoja color rosa, un lápiz y un libro donde apoyar. La actividad era simple. Dibujar a mi hija y escribir tres características principales de ella. ¿Solamente tres? Ya sabía que iba a fracasar desde el comienzo. Tengo cientos de características para vanagloriarme de ella. Pero no, solamente tres querían. Que dilema.

Arranqué dibujando su cara, sus ojos, su sonrisa, su “cabello” – por si no lo sabían, mi hija habla en neutro debido a horas y horas de Disney Junior – todo despeinado ya que es una de las cosas más complicadas de que mantenga. 78 veces por día hay que atarle el pelo. Dibuje sus manos, sus pies y hasta la vestí con su disfraz de Elsa (Frozen) el cual es uno de los que últimamente más usa. Definitivamente no soy un gran dibujante. “¿Esto me imagino que jamás se lo van a mostrar, verdad?” no me contuve de preguntar. Algunas carcajadas resonaron y me dio un poco más de seguridad y quitó un poco de esa vergüenza que tenía.

Características. Tarde más en eso que en dibujar. Decidí elegir “Cariñosa, Servicial y Amistosa”. Podría haber caído en esas palabras como “inteligente, amoroso, intenso, que coincidieron los mas de 20 padres y madres que había en esa ronda.

Momento de explicar y mostrar ese dibujo. Estoy tan orgulloso de mis dos hijos que toda la vergüenza desaparece cada vez que tengo que hablar de ellos.

“Bueno, Soy el Papá de … (Irónico es que mi hija tiene nombre de Reina pero es una Princesa). Definitivamente no es la del dibujo, se que no me va a perdonar esto si se lo llegan a mostrar. *Risas* Mi hija es Servicial, en todo quiere ayudar, lo hace de una manera Amistosa y le pone todo el Cariño en cada una de las cosas que hace y dice.”

Mientras decía estas palabras veía como asentía su maestra y tengo que reconocer. Se siente muy bien que te den la razón cuando hablas bien de tus hijos.

Terminé el café que me habían dado, terminaron de exponer todos, nos entregaron una tarjeta que ya quedó en mi heladera y me entregaron un informe personalizado sobre mi hija.

Que para resumir, termina en un EXCELENTE. Si. Así, en mayúsculas. Más orgullo aún me dio.

Para no variar, fui el último en salir, sin antes hacerle veintitrés preguntas a su maestra, como es de costumbre. Todos los días le pregunto mil cosas. Como esos niños que tienen el “por qué” constante.

Y si, en un momento me sentí un niño, sentado en una ronda, como el primer día de clases quizás, exponiendo a mi familia y contando como es en presencia de una maestra. Y adulto al mismo tiempo, cayendo en la realidad constante de cómo día a día crecen y crecen y crecen.


Salí, me prendí un cigarrillo y mientras caminaba releía ese informe. Y la mirada siempre cayendo en ese EXCELENTE. Como mis hijos.