sábado, 9 de mayo de 2015

Karma

Hace años que intento encontrar el manual de las personas. Algún apunte aunque sea, que me haga entenderlas. Alguna ecuación que me explique el accionar contradictorio de algunos. Alguna fórmula que me enseñe la reacción química de por que toman acciones distintas a las decisiones de lo que quieren en la vida.

No logro entender el orgullo en demasía. Hay gente que no le dice “te quiero” “te extraño” a otra, simplemente porque piensa que perdería la ¿dignidad?
Sentís. Estás vivo. Y encima lo podes decir. ¿Qué te pasa? Hacélo.

Valentía y coraje falta. Si puedo decirle te quiero a alguien a pesar de que no tenga una respuesta (favorable) tengo más dignidad que cualquiera.
 La gente se muere y luego, todos rodeando un cajón dicen cosas como “era buena persona”, “te quiero”, “ojalá hubiera”, “¿por qué” y demás cosas que me han tocado ver en algunas ocasiones.

Te guardaste tantas cosas lindas por decir culpa del ego y ahora ¿a quien se las decís? ¿Al viento? ¿Para ver si le llega?

Vivimos en una sociedad en donde constantemente hablan y justifican con el Karma. ¿Saben realmente lo que es el karma? ¿De donde viene? ¿Por qué se produce? ¿Qué es?

El Karma es una palabra ambigua. Se trata de la acción y reacción de las cosas que uno haga en la vida. El Karma puede ser bueno o malo. Y no depende solamente de lo que se “haga” sino que tiene 3 pilares que son: las acciones, las palabras y los pensamientos.

No vamos a caer en la obviedad de que si haces cosas malas te pasan cosas malas. Pero si caigo en las palabras y en los pensamientos. Podés decir mil cosas buenas pero si pensás cosas malas, el karma se vuelve malo.
 Y pienso, ¿cuantas veces hacen sufrir a personas que los aman por lo que le dicen?
¿Cuántas veces no sólo le han dicho a alguien algo horrible sino que pensaron en lo peor que le puede pasar a esa persona?

El Karma no se paga. Se vive. Y lo interesante es que no es automático. Si el karma es malo, se “paga” en el mejor momento de las personas. Y viceversa.
 Todo lo bueno que pueden hacer, decirle y hasta pensarlo deciden no hacerlo, excusándolo con etiquetas patéticas como ego, orgullo, dignidad, amor propio, arrastrarse, etc, etc.

Las personas se están cargando de Karma por orgullo por muchas, muchas vidas.

Guarden el ego y digan te amo, te extraño, perdón, gracias, te necesito, me haces falta, podemos arreglar, hagamos esto, vení, quedate, hablemos y más.

Son simplemente palabras que, dichas con el sentimiento real, no solo producen acciones, sino que también reacciones que pueden desembocar en algo que jamás pensaron. Cambios.


Solamente tenemos una vida para hacerle bien a la gente que nos quiere.
El resto de las vidas es simplemente para pagar lo que hicimos en ésta.


jueves, 7 de mayo de 2015

Soltar

Un concepto que todavía sigo sin comprender es el de “Soltar” “Soltar” “Soltar” “Soltar”

Siento que se mienten a si mismo, creyendo que todo lo que cuesta, hay que ponerlo en la góndola de “abandonar, porque si no puedo, me tengo que demostrar que me amo a mi mismo y si suelto, crezco".

Me dan la sensación que toman a la vida como la caja rápida de un supermercado en donde solo pueden llevar diez artículos. Entonces ven el changuito, analizan rápido que pueden dejar, “total después lo busco” y quieren salir rápido con lo básico e indispensable.

Para mi, el concepto de “Soltar” lo utilizan las personas cobardes.
Aquellas las cuales no vale la pena “agarrar”.

“Suelto porque estoy dispuesto a perder por amor propio”. Indefendible.

Aunque jamás hayan leído la Biblia y hasta seas ateo o agnóstico, todo el mundo sabe que uno de los mandamientos es “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”

¿Así como aman al otro se aman ustedes?

Y si la gente se tiene tanto “Amor Propio” que es capaz de soltar aquello que ama; significa que en el fondo, ¿es capaz de abandonarse a si misma?

Si tuviera que hacer una proyección de lo que hubiera pasado en mi vida si hubiera soltado esas cosas que me hacían mal, seguramente la hubiera pasado mucho mejor. Ni lo dudo. ¿Pero que significado tendrían las cosas si las usáramos hasta ese punto que quizás comienzan a fallar?

En mi vida, si el concepto de soltar hubiera sido válido, hoy día habría personas que no estarían vivas. A esos niveles a veces se suele llegar cuando en vez de soltar se agarra.

Ya no somos niños que podemos desarmar juguetes, ver que tiene adentro, romper sin darnos cuenta, armarlo y ver que no funciona igual y así, pedirle a Papá que lo arregle o nos compre uno nuevo. 
Porque eso hacen. Encuentran algo, lo desarman, no lo pueden armar de nuevo y buscan otro nuevo.

Hay que ser mecánicos no solo de uno mismo, sino de todo y todos. Incluido el amor.

Si algo se rompe, se arregla. Si las cosas no se pudieran arreglar desaparecerían y quedarían en una especie de limbo de cosas que nunca más van a volver. Pero no. Siguen estando. 

Todo se puede arreglar. Todo.

Si, seguramente a la primera no quede de la mejor manera. Pero, a cada rato se rompen las cosas. Y la práctica hace al maestro, dicen, ¿o no? A Ustedes que tantos les gustan las frases.

¿Qué ya no queda igual después de arreglarlo? Tengo mis dudas. Pero si quedan marcas mejor aún, para recordarnos donde estamos rotos y saber porque. Y sobretodo valorar lo que nos costo arreglar(nos).

No hay mejor mentor en la vida que aquél maestro que nos enseña algunos caminos de la mejor manera. A veces suelen ser los padres, a veces amigos, sea quien sea.

Yo creo que el mejor maestro es aquel que es capaz de recomponer, recomponernos, ayudarnos y permitirnos volver a ser “casi” como éramos. Digo casi porque nunca vamos a estar como nuevos, estemos con quién estemos. Hagamos lo que hagamos. Los kilómetros recorridos no vuelven atrás, nunca.

Aquella persona que es capaz de invertir lo más valioso que uno NO puede comprar, su tiempo, en tratar de dejarnos como antes para así, seguir “usándonos” (y digo usar como el concepto bueno de la palabra, usar algo para producir felicidad) es lo mejor que nos puede pasar en la vida.

Y a veces esas personas solemos ser nosotros mismos. Para con el otro.

A veces, inconscientemente, eso que querés soltar, esta pidiéndote a gritos, en silencio, que lo agarres.

No hay peor ciego que el que no quiere escuchar.

Para mí, su tan amado concepto es:

Te amo, no puedo, te abandono.
Me amo, no puedo, me abandono.


Soltar.

Como un niño

Suena la alarma y como es de esperar se posterga una, dos y hasta tres veces, dependiendo la sensación térmica del día.

“Reunión de Padres, Jardín” rezaba el titulo de esa canción que por las mañanas me despierta de una manera un poco contradictoria. (Es una canción que antes me gustaba mucho y ya no).

Primera reunión del jardín de mi hija.
Entré primero. Tengo esa costumbre de ser el primero y el último en irme. A veces por costumbre y a veces por terquedad.

Por algunos motivos propios tenia mucha vergüenza. Busqué sentarme en un lugar donde no quede a la vista pero pueda ver todo. Para mi sorpresa, estábamos en ronda. Todos se veían con todos. Todos podían verme.

Presentación. Explicación del resumen escolar. Y actividad para “que se conozcan los nuevos papás”. La vida a las 08 am parece que puede ser bastante cruel.

Una hoja color rosa, un lápiz y un libro donde apoyar. La actividad era simple. Dibujar a mi hija y escribir tres características principales de ella. ¿Solamente tres? Ya sabía que iba a fracasar desde el comienzo. Tengo cientos de características para vanagloriarme de ella. Pero no, solamente tres querían. Que dilema.

Arranqué dibujando su cara, sus ojos, su sonrisa, su “cabello” – por si no lo sabían, mi hija habla en neutro debido a horas y horas de Disney Junior – todo despeinado ya que es una de las cosas más complicadas de que mantenga. 78 veces por día hay que atarle el pelo. Dibuje sus manos, sus pies y hasta la vestí con su disfraz de Elsa (Frozen) el cual es uno de los que últimamente más usa. Definitivamente no soy un gran dibujante. “¿Esto me imagino que jamás se lo van a mostrar, verdad?” no me contuve de preguntar. Algunas carcajadas resonaron y me dio un poco más de seguridad y quitó un poco de esa vergüenza que tenía.

Características. Tarde más en eso que en dibujar. Decidí elegir “Cariñosa, Servicial y Amistosa”. Podría haber caído en esas palabras como “inteligente, amoroso, intenso, que coincidieron los mas de 20 padres y madres que había en esa ronda.

Momento de explicar y mostrar ese dibujo. Estoy tan orgulloso de mis dos hijos que toda la vergüenza desaparece cada vez que tengo que hablar de ellos.

“Bueno, Soy el Papá de … (Irónico es que mi hija tiene nombre de Reina pero es una Princesa). Definitivamente no es la del dibujo, se que no me va a perdonar esto si se lo llegan a mostrar. *Risas* Mi hija es Servicial, en todo quiere ayudar, lo hace de una manera Amistosa y le pone todo el Cariño en cada una de las cosas que hace y dice.”

Mientras decía estas palabras veía como asentía su maestra y tengo que reconocer. Se siente muy bien que te den la razón cuando hablas bien de tus hijos.

Terminé el café que me habían dado, terminaron de exponer todos, nos entregaron una tarjeta que ya quedó en mi heladera y me entregaron un informe personalizado sobre mi hija.

Que para resumir, termina en un EXCELENTE. Si. Así, en mayúsculas. Más orgullo aún me dio.

Para no variar, fui el último en salir, sin antes hacerle veintitrés preguntas a su maestra, como es de costumbre. Todos los días le pregunto mil cosas. Como esos niños que tienen el “por qué” constante.

Y si, en un momento me sentí un niño, sentado en una ronda, como el primer día de clases quizás, exponiendo a mi familia y contando como es en presencia de una maestra. Y adulto al mismo tiempo, cayendo en la realidad constante de cómo día a día crecen y crecen y crecen.


Salí, me prendí un cigarrillo y mientras caminaba releía ese informe. Y la mirada siempre cayendo en ese EXCELENTE. Como mis hijos. 

martes, 5 de mayo de 2015

Una derrota ganada.

- “Te ganaron las redes sociales. No pudiste lidiar con eso” - fue una de las respuestas cuando expuse que quiero una vida sin virtualidad.

Y me quedó dando vueltas eso en la cabeza. ¿Ganaron? Si puedo hacer un par de clicks y dejar todo lo que me “ata” a un mundo irreal, para tomar la decisión de vivir cada minuto con la realidad de mi existencia, ¿realmente me ganaron?

Creo que se los voy a poder responder o quizás ustedes decidan una respuesta, al fin y al cabo ya no voy a estar en este mundo virtual para respondérselas.

“Es un juego. No podés creer en todo lo que se escriba en las redes sociales”

Primer mentira que escuché durante muchos años. Cada palabra que se tipea, sale de algún lado. Del cerebro, del corazón, del hígado cuando hablamos con rencor, de los pies cuándo decís una “verdad”. Todo sale de uno. Por más que sea “inventado”, aunque tienen que aprender que no se puede inventar de la nada. Todo tiene un punto de apoyo, un punto de fuga, un punto de comparación de donde sale ese “invento” que se publica. Todo está relacionado a la vida de cada uno, creando “personajes”, auto vanagloriándose virtualmente de lo geniales que son en la vida real. Cuándo quizás no lo son. Es muy fácil hacerle creer a miles y miles de personas una realidad que no existe simplemente para conseguir la aceptación de cada uno de los errores que se cometen en la vida.

Buscamos el perdón, la aceptación y el aplauso, en un mundo virtual. Por supuesto. Es muy fácil conseguirlo ahí. Lo difícil es el aplauso en la vida real.

Escriben de qué quieren ser amados. Respetados. Queridos. Alguien que los valore. Que les lleve el desayuno a la cama. Que les hagan el amor. Que les propongan casamiento. Que quieren una vida de ensueño.

Y mientras uno se pasa un rato pensando como escribir un tweet que sea “tribunero” con todo eso que quiero en la vida, hay alguien que quizás te está mandando un “hola” simplemente porque te ama y te quiere.

Pero nosotros seguimos pensando como meter ese tweet en 140 caracteres, lo publicamos, nos quedamos un rato viendo la interacción, los retweets, favoritos, si alguien nos contesto “Bravo, genio/a, es tal cual, así es la vida. Tenés razón”.

Y ese “hola”, ahí, parpadeando en la pantalla del celular, sincero, honesto, hasta inocente, se muere con el paso del tiempo sin respuesta.

Pero bien, conseguiste 78 Retweets. El tweet garpó.

Muestran lo que no son, faltan el respeto a gente que no se defiende, se creen más de lo que son, juegan, se muestran en fotos editadas, convencen inconscientemente que son geniales, opinólogos, que tienen toda la claridad de las cosas, hasta se enamoran de uno, así, de esas “letras” que creen sinceras y honestas.

¿Pero, acaso no era un juego? ¿O el juego se acaba cuando hay una cama de por medio, por ejemplo? ¿Pero llegaron a esa cama con un juego? ¿Aman el juego? ¿O se juegan por amar? Preguntas.

Suben una foto desayunando. Almorzando. Cenando. Alguien les responde “Invitame”, le responden “Dale, venite, trae vino”

Y ese mensaje de “hola” parpadeando en el celular quizás así, en silencio, muere por tu invitación a cenar.

“Te vi tuiteando, por eso te escribí”

Mil veces pasa.

Si me escribiste porque me viste “virtualmente” no me escribas. Te acordaste de mi porque me viste. No porque me recuerdes. No quiero eso en mi vida.

“Ey, te mandé un mail hace 40 minutos. No me respondiste pero si tenés tiempo para twittear” (Reconozco que lo dije centenas de veces)

“No me llegó” “Recién me llega” “Recién lo leo” o simplemente un “No me rompas las pelotas” suelen ser respuestas debido a que estaban “jugando” y cuando uno juega el tiempo pasa más rápido, ¿no?

Yo quiero que mi tiempo pase lento. Lo más lento posible.

No le encuentro más la gracia a perder el tiempo “jugando en un mundo virtual” cuando quizás mañana me puedo morir y en vez de haber pasado tiempo mirando a los ojos a las personas que amo, pase ese tiempo mirando una pantalla.

Las redes sociales o “virtualidad” me han dado muchas cosas también. Diversión, salidas, dinero y mucho, trabajo, sexo, aliento, carcajadas y hasta me llegaron a dar a la persona con la que conseguí las únicas dos cosas más importantes de mi vida y lo único que me importan. Mis hijos.

Así que básicamente, si me pongo a pensar, no necesito más nada de las redes sociales. Ya conseguí y tengo lo que más me importó tener.

¿Por qué dejar toda la virtualidad?

Quiero tener una charla y que en vez de “bancame que contesto algo” y agarren un celular me agarren la mano y me digan “bancame que hago más café así seguimos charlando”.

Quiero ver brillo en los ojos por cuestiones naturales. No por el brillo de una pantalla. Incluso en los mios.

Quiero sacar fotos completas. No “acomodadas para subirlas a Instagram”

Quiero compartir noticias en una mesa cenando con mi familia, no en Facebook.

Quiero que me digan “Me gustas” después de que me den un beso. No después de publicarle a alguien en su muro un “Hola”

Quiero mostrarle que somos compatibles en una cama. No haciendo Slide a la derecha en Tinder.

Quiero hablarle yo al oído, por más que tenga aliento a cigarrillo y quizás le moleste. No mandarle un audio por WhatsApp.

Quiero estar disponible para chatear toda una noche, abrazados en una cama. No por HangOuts.

Quiero dejarme notas en una heladera, aunque sean cursis. No mandarlas por Telegram.

Quiero mirar a la cara a pesar de las imperfecciones que tenga. No pixeles por Skype.

Quiero hablar en una burbuja real e imperfecta. No en la del Messenger de Facebook.

Pierdo tiempo, me preocupo por cosas que son efímeras, me amargo demasiado a veces leyendo algunas cosas, me distraen demasiado de un modo que no quiero más, me hace ver cosas que no me gustan ver, me hacen exponer cosas que a veces no son, me dan dolores de cabeza, me hacen ver cosas que me han dolido y sobre todo, hacen que se me pase el tiempo demasiado rápido por diversión, cuando vivimos en una realidad de que hoy estamos y mañana no.

Y lo que menos me interesa, hoy, es dejar mi tiempo en algo que si no llego a estar mañana, no le va a cambiar la vida a nadie. Mi meta no es que queden mis tweets para que me retuiteen en “homenaje” porque me fui.

Lo único que voy a dejar va a ser este blog sincronizado automáticamente con una cuenta de Twitter. Que más que seguro cerraré más adelante.

Quizás si, me ganaron las redes sociales.
Y a veces hay que perder para ganar.

Gané tiempo.


Pepe. 

lunes, 4 de mayo de 2015

Bailemos Tango, mi vida

Este es un cuento que leí hace un par de años y me sigue pareciendo una de las mejores maneras de explicar como con mucho empeño, entendiendo al otro a través de la comunicación y aprendiendo a hacer cambios, teniendo constancia y ganas, se puede bailar cualquier cosa.

Le pertenece a Silvia Salinas.

La decisión ya estaba tomada: iba a aprender a bailar tango. Es más, tenía que aprender a bailar tango. Y esta vez  sí que iba a poner todo el empeño escatimado en tantos años de infructuosos intentos (desde los primeros balbuceos con mi padre, hasta aquellas tentativas fugaces, pero llena de vana ilusión, emprendida con la ayuda de abnegados “ voluntarios” que alguna vez encontré en el camino). Y como esta vez estaba realmente dispuesta a llegar hasta el final, lo primero que tenía que hacer era tomar clases como Dios manda (es decir con profesor y todo): Así que llena de buena voluntad, encaramada a mis zapatos de tacón, embutida en una falda acorde a las circunstancias y con la mejor de mis sonrisas en el rostro, me planté en aquella sala de baile que tanto me habían recomendado mis amigas.

Pero claro, como es imposible tanta dicha , como tanta perfección nos está prohibida....como siempre...faltaba algo. Miré, remiré y por más que busqué, me encontré de nuevo con la eterna verdad delante de mis narices: solo había 4 hombres para 25 mujeres.

Con todo y con eso no estaba dispuesta a que mi voluntad se viera vencida una vez más. Y me lancé a la pista dispuesta a arrebatarle a cualquiera de las otras 24 mujeres alguno de las 4 codiciadas presas.
Sin embargo, a pesar de mi buena voluntad  y a la mejor de mis sonrisas, en un ahora sólo pude capturar a un compañero, y por 5 minutos. A aquel paso, ni en dos años aprendería una sola figura ( si es que antes no aparecían por las pista nuevas competidoras) Fue entonces cuando la luz se hizo en mi cabeza y lo vi todo con mucha más claridad: ¡para algo se tiene un marido!

Y luego de poner en juego mis mejores y más elaboradas maniobras de manipuloseducción, conseguí arrastrarlo a la clase. Lo mejor y más increíble de todo... es que ¡¡le gustó!!

CLASE 1

- Lo primero que vamos a aprender del tango es el abrazo -dijo Julio Horacio Martinez, el profesor.
Yo pensé que esto no tendría mucha ciencia, porque abrazarse es algo que todos hacemos habitualmente, de una manera espontánea, qué sé yo... natural, sin aprendizaje previo. Pero no. Al parecer, detrás del abrazo en el tango se esconde algo bastante más complicado.
- En el tango los cuerpos tiene que armar un circuito de tensiones encontradas. El brazo debe estar firme, pero sin empujar. Las piernas en contacto, pero sin asfixiarse ni impedirse el movimiento. Tengan ustedes en cuenta que en este baile el equilibrio no está en cada uno, sino en el centro se los dos, y si no se entienden pueden desestabilizarse. Tienen que aprender a comunicarse para poder disfrutarlo juntos.
Entonces Alberto, .mi marido, me tomó en sus brazos, juntas las piernas, con una mano sujetándome de la cintura y con la otra, arriba y firme, para que me sirviera de apoyo. Hasta aquí toco bien.., en teoría, si no fuese porque su mano en la cintura.,, me tenía suspendida en el aire, sus piernas juntas,.. no me dejaban mover, y su mano firme... era tan firme que me atenazaba los dedos,
- Tu mano debe ofrecer resistencia, de lo contrario te sentís empujada, No se puede bailar con un flan aunque tenga forma de mujer.
Me había llamado flan con forma de mujer. Eso fue lo que dijo..... y ahí terminó la clase,

CLASE 2

- Hoy aprenderemos el paso básico, que son ocho compases. ¿Ven? Uno, dos, tres, cuatro cinco..., y en el quinto la mujer debe tener el peso del cuerpo en el pie  derecho y entonces, con ese mismo pie y cambiando el peso,  ella sale hacia atrás y seguimos, seis ,siete y ocho... ¿Entendieron?
Dijimos que si (no sin ciertos reparos) y empezamos a bailar: uno, dos, tres, cuatro, cinco....uno, dos, tres, cuatro, cinco... uno, dos, tres, cuatro, cinco....¡NADA! no había manera. Alberto estaba empeñado en que yo hiciera el sexto con el pie izquierdo, pero no quería entender que lo tenía cruzado por delante.

- ¡Me estás atropellando¡
- No, sos vos que no retrocedés
- Pero ¿cómo querés que retroceda si tengo el pie en el aire?
- Pues las demás lo hacen...
- Las demás lo hacen porque los demás lo marcan bien.
- iAlberto! - se acercó el profesor – tenés que tener en cuenta donde tiene ella el peso del cuerpo. Si no lo hacés, ella no puede salir. Mirá: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete y ocho. ¿Viste?
¡Qué lindo era bailar con alguien que me entendía! Reconocí que con Alberto me sentía impotente. Me echaba a mí la culpa de sus limitaciones y no quería darse cuenta de que era totalmente imposible seguirlo.

CLASE 3

- Hoy trabajaremos las articulaciones del paso básico. En el ocho hay dos tiempos, uno de entrada y uno de salida, tanto en el hombre como en la mujer. Son alrededor de la pareja. El hombre puede optar por solo darIe el espacio o acompañar su rnovimiento... Por fin había llegado lo que estaba esperando, hacer esos firuletes tan lindos, tan elegantes, tan sensuales... Salgo, entro, salgo... ¿Qué pasa? De pronto estamos haciendo fuerza por no caemos, a cuatro metros uno del otro y a  leguas de la elegancia y sensualidad soñadas...
- ¡¿Qué están haciendo?! -se acerca Julio desorbitado -, queremos bailar tango y están haciendo una lucha de sumo. Alberto vení. Ahora yo tomaré el lugar de tu pareja y te muestro qué hacés. ¿Ves?
Si vos no me das espacio suficiente yo me lo voy  a tomar de todos modos, aunque sea alejándome....

CLASE 4

Aunque ya más o menos podemos movernos juntos, todavía nos cuesta mucho sincronizarnos. Después de haber trabajado con la pausa hemos conseguido bailar un poco seguido, pero tras unos pasos engarzados a duras penas, me vuelvo a tropezar con sus pies (o quizás sea él quien tropieza, yo ya no lo sé). Sea como fuere, Alberto me acusa de no escuchar lo que me dice,; de bailar sola. Yo le repito que no sé que es lo que quiere que haga.... pero parece que él tampoco entiende.

De nuevo Julio se acerca a nosotros, ¿es que no hay más parejas en la sala que bailen mal?
Alberto, si querés decirle algo, primero tenés que contactar, llamar su atención, de lo contrario la invadís, la sorprendés y en esa incertidumbre no te va a entender. Llevemos esto al baile. ¡ Mirá! Primero buscás su pie, la detenés y luego hacés el movimiento. Si antes no conectás será dificil que ella adivine que querés comunicarte. Como cuando querés hablarle: primero la llamás, y cuando ves que ella te escucha, hablás, de lo contrario antes o después tendrás que gritar. Esto es lo mismo. Y vos ( a mí) tené en cuenta que cuando te llama tenés que detenerte y escucharlo, si no, para que lo escuches te va a gritar. Y si están bailando, te va a golpear. Lo voy a mostrar. Acerco mi pie al suyo; ella se detiene para escuchar, hago el movimiento y espero que ella me conteste. No lo olviden, al bailar están dialogando, nunca imponiendo. Uno habla y después de escuchar el otro contesta.
Atención solo después de escuchar. Porque en el tango, como en la vida, si no me tomo el trabajo de escuchar, voy a presuponer que sé lo que me van a decir, y nunca contestaré al otro. Sí, acaso, contestaré a mis suposiciones, pero nunca al otro. 
Así, el diálogo real deja de existir y se convierte en monólogo. Esto es lo que están haciendo, y esto no es bailar tango, que es una danza de pareja en la que cada uno improvisa de acuerdo al movimiento del otro.

CLASE 5

Hoy no tengo ganas de ir a clase; en realidad no tengo ganas de ir a ninguna parte. Yo no entiendo que está pasando, pero siento que mi pareja se acaba.Desde hace un tiempo discutimos por todo  y no hay manera de poder hablar de lo que pasa. Son infinitos los reproches mutuos que impiden el diálogo. Es como si habláramos distintos idiomas y una dolorosa distancia, mezcla de rencor e indiferencia, se está clavando entre nosotros.

Este silencio, no sé como ni cuando empezó, pero crece cada vez más y parece imposible detenerlo. Nunca pensé que después de tanto tiempo de complicidad y cercanía llegaría el momento en que aún estando juntos no nos pudiésemos encontrar.
Mejor me cambio de ropa y voy a clase, porque con darle vueltas en la cabeza no gano nada y si nos quedamos solos en casa la distancia se hace insoportable.

“Hoy no vamos a aprender ningún paso nuevo. Creo que es importante que sepan qué están haciendo. Si no entienden qué es bailar tango, si no entienden su sentido, podrán hacer los pasos, pero nunca van a bailar tango. El tango es una danza de pareja abrazada con un abrazo que es contención, no estrujamiento. Abrazar es dar con los brazos abiertos y el que da con los brazos abiertos recibe con todo el cuerpo. Así unidos, los dos integrantes se desplazan por el espacio; pero no es un espacio cualquiera. Al contrario es un espacio creado por los dos. 

Tal como dicen los Dinze: “el tango niega las matemáticas porque uno más uno no son dos sino uno, que es la pareja, o son tres, porque son ella, él y un tercer volumen” Uno o tres, ¡pero nunca dos!

Es un verdadero diálogo corporal y amoroso, donde los dos manejan la autodeterminación y donde también hay momentos de silencio, un silencio necesariamente forma parte del diálogo, que lo enriquece si quieren, pero nunca lo anula. Este diálogo, los dos pueden proponer, porque aunque uno tome la iniciativa del primer movimiento, de acuerdo a como sea la respuesta, ya sea por velocidad, amplitud o dirección, es el siguiente movimiento. Por eso hay que aprender a vivir del error como posibilidad de enriquecimiento.

Si esto no hubiese sido así, el tango no existiría. No deben enojarse ante un fallo, busquen el contacto con el otro e intenten crear juntos. Finalmente el tango también es una forma de autoconocimiento, porque así como en nuestra vida de relación, ya sea como amigo, amante, padre, conozco mi calidad de tal a partir del otro, en el tango puedo ser un protector o un protegido, un dominado o un dominador, puedo ser infinitamente tierno, violento o tal vez la mezcla de todo eso, y mi pareja está allí para mostrármelo. Esto que planteo no es fácil, pero solo cuando lo entiendan podrán bailar, y además, de una manera distinta cada día: a veces con violencia, otras con ternura, otras en verdadero éxtasis, pero seguro no interrumpirán la danza.”
Mientras volvíamos caminando a casa, las palabras de Julio retumbaban dentro de mí. Era como si las frases hubiesen tomado forma corporal y danzasen en mi cabeza, ocupándola, ordenándose, tomando armonía y sentido:

“El abrazo es contención no estrujamiento....tomen el error como posibilidad........ si no le doy el espacio él se lo va a tomar..... mi pareja está allí para mostrarme cómo soy....... El encuentro es diálogo, no imposición; el diálogo es escuchar al otro, no suponer; el abrazo es dar espacio, no atrapar; el tango es dialogar......... dialogar...... dialogar”

Hoy releo estos viejos apuntes. Los encontré en el cajón de una cómoda que había quedado en el sótano después de la mudanza. ¡Cuánto tiempo ha pasado! ¿Diez años? Sí, creo que sí. En aquella época cumplíamos a duras penas dos años de casados y ya llevábamos juntos como 12. La crisis pasó y efectivamente los dos tuvimos que aprender a vivir juntos, así como aprendimos a bailar tango.
Mientras leo estoy escuchando música y Alberto está terminando de arreglar el jardín. Por cierto ya terminó, veo que entra.

Está sonando Danzarín

Es el tango que más nos gusta bailar.

- ¿Qué estás haciendo? Le digo
- Estoy pensando que tengo muchas ganas de abrazarte......¿ Nos bailamos un tanguito, mi vida?